Nos resulta más o menos sencillo tener conciencia de los desplazamientos en el espacio, saber que hemos abandonado una casa, una ciudad o un país. En cambio, nuestro constante desplazamiento en el tiempo suele pasarnos desapercibido, tal vez porque no podemos acelerarlo ni revertirlo. En términos temporales, siempre estamos abandonando “países” sin saberlo, dejando atrás etapas y circunstancias. De pronto, descubrimos que ya no tenemos algo que nos hacía felices o que ya no sufrimos por ciertos males que ahora nos parecen insignificantes. En esos momentos, tomamos conciencia de aquello que sucedió lentamente y sin que nos diéramos cuenta.
Imagen tomada de Unsplash
