Los seres humanos hemos inventado mil formas diferentes de distraernos del dolor, sin las cuales tal vez no podríamos vivir. Sin embargo, muchas veces la distracción no es suficiente y se vuelve necesario enfrentar las causas, reales o imaginarias, de nuestros sufrimientos. Esto se debe a que el dolor también aprende a adoptar distintas formas (ira, apatía, inquietud, temor, remordimiento) y a eludir los artificios con que pretendemos engañarlo.
Imagen tomada de Unsplash
