Conviene comenzar el día con un pequeño propósito, una tarea cuyo cumplimiento despeje ese estado de indefinición emocional en el que uno se despierta. Una vez realizada esta actividad, por humilde que sea, todo lo demás se desenvuelve con mayor facilidad y ligereza. Por el contrario, el no poder superar ese primer momento nebuloso del día puede arruinarle a uno toda la jornada.
Imagen tomada de Unsplash

Sin duda un gran consejo Franco. Gracias por compartir. Saludos.
Me gustaLe gusta a 2 personas
Gracias 🙂
Me gustaLe gusta a 1 persona