Sobre las cosas que deben enseñarse


En el ámbito del conocimiento, todos los esfuerzos deberían estar orientados a la enseñanza del llamado pensamiento crítico, que no debe confundirse con el acto de criticar. El ejercicio de la disidencia no establece por sí mismo un conocimiento, como tampoco lo hace el mero ejercicio del acuerdo. La afirmación “la Tierra es plana” fue en el pasado objeto de acuerdo y en el presente objeto de disidencia, pero en ambos casos igualmente falsa. La confusión del pensamiento crítico con la mera disidencia es una de las grandes tragedias intelectuales de nuestro tiempo.

Un elemento fundamental del pensamiento crítico es la vocación de atenerse a los hechos por sobre nuestros deseos, intereses y prejuicios. Atenerse a los hechos no es tan simple como parece y exige una serie de virtudes: memoria, observación, atención, coherencia, reflexión, conceptualización, claridad expresiva, paciencia, flexibilidad. Nada de esto es simplemente natural, por el contrario, estas virtudes se desarrollan en oposición a unos cuantos de nuestros instintos más arraigados.

En el ámbito moral, la principal enseñanza debería ser la siguiente: el odio y la intolerancia son actitudes miserables y dignas de vergüenza. Nada hay más absurdo y patético que la actual costumbre de exhibir nuestros odios como medallas o incluso como rasgos identitarios. Por el contrario, lo verdaderamente digno de reconocimiento es la capacidad para no odiar cosmovisiones y discursos con los que no estamos de acuerdo, ya que la vida contemporánea exige precisamente que la firmeza a la hora de defender nuestro punto de vista se complemente con la flexibilidad para compartir el espacio común con otros y aprender de ellos.

En este contexto, perder los estribos porque alguien dice algo que consideramos falso o perjudicial no tiene nada de meritorio y resulta incluso ridículo, ya que esto nos sucederá todo el tiempo si vivimos en una democracia con libertad de expresión. Por otra parte, si defendemos nuestras ideas con convicción, pero con una actitud respetuosa hacia los demás, siempre podremos corregirnos sin poner en cuestión nuestro orgullo o nuestra identidad. En cambio, si expresamos abiertamente odio hacia quienes no ven la realidad como nosotros, estamos generando condiciones e incentivos para no revisar nunca más nuestras ideas, ya que cualquier corrección nos haría parecernos un poco a esas personas a las que hemos dirigido nuestro odio. De este modo, el odio nos condena al dogmatismo y a la repetición.

Por último, en el ámbito emocional, lo más importante que debemos aprender es a tranquilizarnos de una manera sana. La importancia de esta sabiduría emocional se ha menospreciado históricamente, pero es quizás la que necesitamos con mayor frecuencia y nuestro destino depende más de ella que de ninguna otra. El entorno nos da motivos para la angustia y la intranquilidad a cada minuto, y no parece posible ni humano que nos mantengamos imperturbables en semejante situación. Por eso resulta difícil encontrar algo más indispensable para nosotros que la capacidad de tranquilizarnos y de mantener un rumbo entre los vaivenes de la marea, la capacidad de crear espacios de calma que no conlleven un daño para nosotros ni para los demás.

Las maneras que encontramos de tranquilizarnos, beneficiosas o perjudiciales, reparadoras o dañinas, nos definirán más que ninguna otra cosa: somos lo que nos calma. Nada es tan crucial como ejercitar los músculos de la tranquilidad, la paciencia y la atención, sin los cuales estaremos por completo entregados a un mundo que nos arrastrará impiadosamente de un lado a otro.

Estas enseñanzas pueden tal vez resumirse en una sola: reconocer los propios límites y la propia fragilidad. La plena conciencia de nuestra finitud, un hecho tan indiscutible como frecuentemente olvidado, nos mantiene predispuestos a admitir nuestros errores, a recordar que necesitamos la ayuda de los demás y a recordar que tenemos el control de muy pocas cosas. Toda la sabiduría humana se construye a partir de estos humildes materiales.



Imagen tomada de Unsplash



Publicado por Franco Puricelli

Versos, historias y reflexiones. Te invito a visitar mi blog "Tercer Cajón".

10 comentarios sobre “Sobre las cosas que deben enseñarse

  1. Excelente. 👏 👏👏
    Las estructuras modernas se benefician con la polarización y el odio, lamentablemente. Ganan las empresas que venden publicidad en aquellas plataformas que nos mantienen enchufados cuando despotricamos, y ganan los políticos que amasan fanáticos. El sistema no promueve ni la tranquilidad ni la humildad ni el pensamiento crítico. Peor aún con la inteligencia artificial (menos pensamiento crítico, más desinformación, más adicción). Pero como bien dices no tenemos el control y haremos mejor si trabajamos en nostros mismos y en nuestro pequeño círculo de influencia con serenidad.

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