Nietzsche y el sentimentalismo


Nietzsche se propuso derribar lo que él consideraba una de las grandes ilusiones de la civilización judeocristiana: la creencia en la superioridad moral y epistemológica del marginado, del impotente, del castigado por las circunstancias. Esta ilusión conduce al sofisma de que la torpeza, el sufrimiento y la mala fortuna prueban la verdad del punto de vista de quien las padece. Asimismo, conduce al sentimentalismo, a la confusión entre los buenos sentimientos y las verdades. [1]

     Los instrumentos metodológicos utilizados por Nietzsche para este fin fueron en buena medida falaces, pero muy efectivos: 1) la denuncia del origen de las creencias; 2) la denuncia de los sentimientos que acompañan a las creencias; 3) la denuncia de las consecuencias de las creencias.

     Desde mediados del siglo XX, se ha instalado con fuerza creciente un movimiento filosófico de profunda inspiración anti nietzscheana, que no obstante se ha apropiado de sus instrumentos metodológicos. Las mismas denuncias psicológicas y sociológicas se utilizan ahora para defender una suerte de restauración cristiana, un regreso a la ilusión sentimentalista, al sofisma de la superioridad del débil y desafortunado.

     Vale decir que el nuevo cristianismo no es exactamente igual que el anterior, ya que se desentiende de la vida después de la muerte y de la prédica anti mundana. Pero no se desentiende de la compasión como medida de la verdad. Los intelectuales neocristianos ya no argumentan ni pretenden establecer hechos o conclusiones válidas. Simplemente compiten por quién se muestra más compasivo, más cercano a los dolores del mundo. Se perdona la falacia y hasta la contradicción, pero no se perdona la insensibilidad.

     La diferencia es que la solución ya no puede venir de Dios ni de la vida después de la muerte, puesto que no se cree en estas cosas. Ahora se cree que la solución es el Estado, que es el Dios de los nuevos cristianos, del cual se exige que resuelva todos los sufrimientos en esta vida y ya no en la otra. El viejo cristianismo no podía decepcionar, no prometía nada en este mundo. El nuevo cristianismo sólo puede decepcionar, porque promete todo en este mundo.



[1] Cabe preguntarse si Nietzsche no incurre acaso en la ilusión contraria: la creencia en la superioridad moral y epistemológica del fuerte, del activo, del capaz.



Publicado por Tercer Cajón - Franco Puricelli

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14 comentarios sobre “Nietzsche y el sentimentalismo

  1. el maestro Nietzsche buscaba socavar lo que llamaba «moral del esclavo» en detrimento de su proyecto del superhombre…un ser que no estaba sujeto a las cadenas que la inversión moral de la religión judeo-cristiana ponía como meta: el cielo será del débil, del enfermo no del fuerte, no de la bestia rubia…los escrito de Nietszche han sido mal aplicados para teorías raciales y demás excesos por sujetos desequilibrados que buscaban un sustento a sus delirios…suele pasarnos a los filósofos…besos al vacío desde el vacío

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  2. Bueno, pero ahora, al menos en mi país, el poder se va desplazando hacia el crimen organizado, de pronto el gobierno ya casi no gobierna, y entonces ahora ¿quién nos dará la justicia tan ansiada?.Un gusto leer tu interesante disertación sobre Nietzsche y el sentimentalismo..

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  3. Interesantes reflexiones. Yo creo que el mundo esta tan globalizado, que ni los estados son autónomos. El individuo camina a la deriva con pocas eseranzas en el estado y más ahora con esta pandemia que tanto nos nos desorienta.
    Siempre haciendo pensar. Un saludo.

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  4. Muy acertado , en buena medida es la historia de occidente y así viramos muchos de colegios de curas a Zaratustra y el anticristo y de éstos al nuevo cristianismo en el que se cede toda la responsabilidad al Estado como Padre, intentando que no coarte la libertad pero tampoco permita el libertinaje. Conozco esas fases como mucha gente conoce lo de ser comunista a los veinte y hacerse más conservador a los cincuenta. Enhorabuena por el blog

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