I
No se puede trabajar
con ese tic tac de fondo
con la sensación de que el universo
se termina en cualquier momento
y a nadie le importa.
II
Si nada me importa
no puedo dar el primer paso
escribir la primera línea
decir las primeras palabras.
Si me importa demasiado
tampoco puedo.
Imagen tomada de Unsplash

Desde que me jubilé, ya no existe tic tac en mi casa. Desconozco el reloj en todas sus formas y me limito a mi reloj interior.
Me gustó y me hizo pensar.
Buenas noches Franco.
Feliz domingo.
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Qué bonito, me alegro 🙂 ¡gracias por tu mensaje!
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Es agotador, ¿verdad? Esa consciencia plena de lo que somos, del paso del tiempo, dan ganas de hacerse bolita y no salir de casa… Pero, al final, vivimos, no tengo ni idea de cómo lo hacemos, pero seguimos, avanzamos, nos movemos…
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Así es, por suerte la ganas de vivir se imponen. ¡Saludos!
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Un poema que expresa muy bien esa lucha entre la indiferencia y el exceso de preocupación. A veces, sentir demasiado o demasiado poco puede dejarnos paralizados.
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Muy cierto 🙂
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