Lo extranjero


Los muros se construyen por el mismo motivo por el que se establecen aduanas y fronteras: para alimentar el mito de la existencia de lo extranjero. Ese mundo que el turista experimenta de una manera inofensiva, toda esa fingida cordialidad y buen trato, escondería en realidad unos perversos deseos de dominación económica y de invasión territorial. Los muros y las aduanas están para recordarnos a todos que la semejanza entre los seres humanos es un simulacro, para educarnos en la idea de la existencia de lo extranjero como tal.

     Pero lo extranjero no existe, no es más que un puro accidente institucional. Cualquiera de nosotros puede ser testigo de la artificialidad de las fronteras, cualquiera puede advertir la imposibilidad de encontrar un sentido oculto en esas líneas dibujadas con tiza. Misteriosamente, hay quienes enseñan que es posible tomar estos garabatos legales como parámetros objetivos para el miedo o el orgullo.    

     Difundida y consolidada esta ficción en todo el orbe, nos han tenido que explicar que existen unas personas llamadas extranjeros, y que no hay que dejarlas entrar a ellas ni a lo que hacen, porque de lo contrario nuestra identidad tal como la conocemos se pervertiría. Porque también nos han tenido que explicar eso, que existe una cosa llamada nuestra identidad tal como la conocemos, y que hay que cuidarla con muros y aduanas.




Dos poemas


Publicados en la revista Río Arga, nro. 142.


Febrero


No te dabas cuenta de lo que hacías

tenías los pies encajados

en esos zapatos diminutos

y un vestido tan gris

como la madrugada.


Desapareciste

detrás de muros y ventanas

llevándote para siempre

entre los zapatos

un pedazo de aquella esquina.


Y sin darte cuenta

dibujaste con tu vestido

en el aire

un camino entre aquella noche

y estos versos.




El amor


Acaso la sospecha

de una vida más oscura

sin la sensación del cuerpo amado.


Acaso el constante regreso

de una serie de gestos

celebrados cada vez como la última.


Acaso la observación

de un rostros que hace su vida

y que salva la nuestra.



Escenarios de incertidumbre frente al coronavirus


Publicado en El Periódico, 08/04/2020.


La enorme rapidez y agresividad con que se expande la actual pandemia ha suscitado reacciones políticas hasta hace poco inimaginables y ha logrado excitar nuestra imaginación a la hora de figurarnos escenarios utópicos y distópicos de la más variada índole. Lo cierto, no obstante, es que no tenemos todavía información suficiente como para sacar conclusiones definitivas. Sabemos que no queremos que suceda aquí lo que sucedió en España e Italia, sabemos que algunos países parecen haber gestionado la crisis mejor que el resto.

     Sin embargo, hasta que no exista un tratamiento efectivo o una vacuna, no podemos determinar con certeza quiénes son los ganadores y perdedores, puesto que no sabemos exactamente cuántos capítulos le faltan a la serie. Una larga lista de intelectuales y analistas pretenden argumentar que la pandemia no hará otra cosa que demostrar sus convicciones previas. Semejantes ejercicios de profecía pseudocientífica no deberían ser tomados con demasiada seriedad.

     Un ejemplo interesante de esta incertidumbre es la discusión respecto de si los gobiernos deben priorizar la salud o la economía. La triste verdad es que no lo sabemos. Podemos decir con certeza que, si la pandemia se descontrola, la economía se verá profundamente afectada. Pero también es claro que el colapso económico produce muertes por hambre, estrés, depresión y otras tantas causas asociadas al deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, el interés social y mediático está puesto en los muertos por coronavirus, que aparecen publicados en todas partes y con actualizaciones diarias. De modo tal que el funcionario público está fuertemente incentivado a priorizar este problema. Sin embargo, hasta que no veamos el último capítulo, no podremos evaluar la pertinencia de las medidas actuales.

     Los gobiernos están obligados a actuar con muy poca información. Terminada la actual cuarentena, por ejemplo, es improbable que el número de infectados se reduzca a cero, lo que significa que la enfermedad puede volver a propagarse. En conclusión, las medidas pro economía asumen un alto costo sanitario, con la única ventaja de simplemente postergar el colapso económico. Las medidas pro salud asumen un alto costo económico, pero no podemos saber si realmente evitan o simplemente postergan el colapso sanitario. Por el momento, parece que unas semanas de cuarentena pueden ser útiles para ganar tiempo y equipar el sistema de salud. Pero más adelante se necesitará una estrategia diferente.