Ciudad



La ciudad es el límite máximo de cosas que se pueden meter en un espacio determinado, es la materialización involuntaria y torpe de una idea, es tener más o menos cerca lo que estamos buscando, es el peligro de que nos invadan elementos extraños, es una persona que está encerrada en su casa y tiene miedo.

     La ciudad es el desprolijo fluir de los pobres, es la sucesiva ocupación y abandono de ciertos barrios por parte de los ricos, es la necesidad de transformarse todo el tiempo para permanecer en el mismo lugar.

     La ciudad es un gran negocio y lo que se va gestando alrededor de él, es lo que hace posible las paredes de mármol y los techos de zinc. La ciudad es la imposibilidad de prestar atención a todas las cosas que están sucediendo, es no poder imaginarse la vida sin inquietud, es hacer una cosa mientras se sueña con otra.



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La protección de los débiles



Ganador de la cuarta edición del certamen Siembra de libros



El patio del establecimiento estaba listo para la ejecución. El sol entraba de lleno en ese pequeño espacio abierto, rodeado de paredes altísimas, y no corría ni la más mínima ráfaga de viento. El reo se encontraba ya encadenado en un punto equidistante de las cuatro esquinas y no tardarían en llegar los verdugos con sus fusiles.

     En un principio se permitía el acceso al público en general, como para que no quedaran dudas respecto del carácter por completo transparente y democrático de las ejecuciones. Sin embargo, no se tardó mucho en dar marcha atrás con eso, puesto que se generaban situaciones pintorescas que resultaban inaceptables en un escenario de esa naturaleza y que atentaban contra el carácter serio, aséptico y neutral que debe mantener toda institución del Estado.

     El funcionario a cargo parecía maravillarse ante cada cosa, aunque en realidad ya conocía todo a la perfección. Iba de un lado a otro, se asomaba a la puerta del patio para ver si llegaban los verdugos. Entretanto, el condenado se mantenía casi inmóvil: miraba el cielo cada tanto, examinaba sus alrededores, seguía con la vista los movimientos del funcionario, tratando de que todo esto le revelara algo y lo ayudara a comprender la situación.

     Las cadenas estaban ahí menos para inmovilizar al reo que para una debida construcción de la escena, ya que éste había mostrado desde el principio una docilidad absoluta, se había aferrado a la autoridad de sus captores como si fuera una mascota.

     El funcionario, impaciente, deseoso de ganar tiempo, se acercó al encadenado para realizar la entrevista de rigor.

-¿Sabe por qué está aquí? -le preguntó.

-Supongo que me van a matar -respondió el condenado.

-¡No siga con eso! -se apuró a corregir el funcionario-. Usted sabe bien que el verbo “matar” no se aplica en estos casos, ¿no ve mi uniforme? Le presento nuestro patio de depuraciones -dijo mientras extendía los brazos-. Lo que hacemos aquí es más bien un trabajo de desinfección, nos ocupamos de la limpieza social. De hecho, pertenecemos al Ministerio de Higiene, como habrá visto en mi credencial y en toda la cartelería del establecimiento.

-¿Y qué hago aquí? -dijo el reo, sin dejar de observar la credencial del funcionario.

-A usted se lo ha encontrado culpable de agredir a una persona que aparece en el Registro Estatal de los Débiles.- El funcionario mantenía un gesto sereno pero firme. Por dentro, ya iba preparando las explicaciones que tendría que dar.

-Tuve una pelea con él porque quiso adelantarse en una fila.

-Usted no tuvo una pelea con él, es imposible. Ya le dije que se trata de alguien que aparece en el Registro Estatal de los Débiles. Por lo tanto, no puede tener una pelea con él. Usted solamente puede agredirlo. Por eso este caso es tan sencillo, el Registro no deja lugar a dudas.

     El condenado se quedó en silencio unos segundos.

-Parece que yo mismo podría aparecer ahora en ese Registro -dijo finalmente.

     El funcionario se rió con ganas.

-Buen intento, señor, muy buen intento. Nunca había escuchado una cosa así. Fíjese que, por el contrario, usted es un claro miembro del Registro Estatal de Opresores. Esa fue mi primera impresión, la cual pude corroborar después, cuando le tomamos la foto y la sometimos al sistema de reconocimiento.

-No tenía idea de que figuraba en ese registro.

-Lo cual no tiene nada de extraño -se apuró a responder el otro-. Un rasgo típico de todo opresor es no saberse opresor.

-Quisiera tener la oportunidad de defenderme y explicar bien el asunto de la pelea con ese hombre.

     El uniformado le apoyó las manos en los hombros y lo miró con indulgencia.

-No hay nada que explicar, para eso están los Registros. Como bien dice la nueva legislación, si tenemos un hecho que involucra a una persona del Registro Estatal de los Débiles y a otra del Registro Estatal de los Opresores, el único procesamiento que admite nuestro sistema es “agresión del segundo al primero”. Notará usted la manera en que esto lo simplifica todo. La gente nos exige soluciones rápidas, no tiene tiempo ni paciencia para explicaciones.

-Ya veo -dijo el agresor, en parte impresionado por la solidez de las argumentaciones-. ¿Y no puedo discutir siquiera lo de la pena de muerte?

-Usted insiste en no entender. No se trata de una pena de muerte, sino de una descontaminación social. La pena de muerte daría a entender que el problema es con usted y sólo con usted. Pero no es así, para eso hemos elaborado los Registros, para dejar en claro que nuestra lucha es contra la opresión.

     El funcionario, más que satisfecho, se alejó del reo y se asomó nuevamente a las puertas del patio. Ya se podía ver a los verdugos acercándose por el pasillo, fusil al hombro. Mientras entrevistaba al condenado, el clima había cambiado: el patio se veía más oscuro y se sentía una leve corriente de frío.

     Había que apresurarse, tal vez incluso resumir o eliminar algunas formalidades. No hace falta insistir en que es de máximo interés estatal que las ejecuciones, dentro de lo posible, no se lleven a cabo con lluvia.



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La neutralidad de las cosas


La tecnología no es ni buena ni mala. Con un cuchillo, por ejemplo, se puede asesinar a alguien o cortar pan. Con la energía atómica se puede iluminar una ciudad o destruirla por completo. Con un rifle automático se puede salir a matar gente inocente, pero también se puede matar al que salió en primer lugar a matar gente inocente. Con un sistema de espionaje digital se puede invadir la privacidad de millones de seres humanos en todo el mundo, pero también es posible utilizarlo para encontrar personas enfermas o potenciales consumidores de gaseosa.

     ¿Por qué hay rifles automáticos y sistemas de espionaje? Esto no es ni bueno ni malo, no se puede culpar a la tecnología por resolver unos problemas en lugar de otros. Los artefactos que resuelven los problemas del Estado suelen ser mejores que los que resuelven mis problemas o los tuyos. Eso no invalida lo dicho: el Estado, como cualquier invención humana, tampoco es bueno ni malo.   



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Pensamientos


PALABRAS

     Las palabras no tienen realidad alguna. “Se las lleva el viento”, suele decirse. Sin embargo, una vez dichas ciertas cosas, no se puede volver atrás.


PERSPECTIVAS

     Pensar la timidez como una forma de audacia contenida. Pensar la inocencia como una forma de maldad impotente. Pensar la prudencia como una forma de temeridad maltratada.


PERSPECTIVAS II

     Por qué decimos que nuestros sentidos nos engañan, que nuestros ojos nos hicieron ver agua donde no había más que arena, y no decimos en cambio que el mundo nos ha estafado, poniendo arena allí donde nosotros habíamos visto agua.


COMUNICACIÓN

     Nada significa lo mismo, es imposible que los demás se conmuevan por las mismas cosas que nosotros. Sin embargo, no podemos dejar de intentarlo. Como cuando damos a probar el mate a un extranjero.


ESTAR A SALVO

     Pensamos que, despejadas ciertas circunstancias, estamos a salvo. Lo sentimos de ese modo en todo el cuerpo, marchando como un sólido mecanismo evolutivo. Aunque, a decir verdad, no puedo dejar de preguntarme qué quiere decir semejante expresión, semejante descripción de un estado de cosas. ¿Estar a salvo de qué? ¿De que el tiempo pase? ¿De no entender?


CONCIENCIA

     Creemos que nos pesa una molestia, un dolor, una incomodidad. Es falso. Lo que nos pesa, siempre, es la conciencia, la vinculación de esa molestia con una serie de causas y de efectos. En la inmediatez no hay peso: la vida es espasmo, arrogancia, desatino.



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Aburrimiento


Hay que dejar de ver el aburrimiento con tan malos ojos. La lucha obstinada contra el aburrimiento nos vuelve más débiles y tontos. Mantener cierta integridad psíquica en el mundo de hoy exige una disciplina para la que no estamos preparados, exige un desapego cada vez más violento. Lo contrario es la proliferación de la sordera institucionalizada, es abandonarse a la serie infinita de lo que no importa, al esquivamiento frenético de las horas. Lo contrario es conmoverse por un zapato, llamar poesía a los carteles de gaseosa, confundir el amor con el énfasis o con el cálculo de ganancias y pérdidas.



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El prestigio de las palomas


Los magos y los artistas son los instrumentos de que se sirven las palomas para lavar su prestigio frente a los seres humanos, que de lo contrario podrían simplemente despreciarlas o incluso temerlas como fuente de infecciones y pulgas.

     Es fácil odiar al animal que ensucia las veredas y los edificios, pero no se puede más que sentir simpatía por aquella criatura que emerge de un sombrero mágico o que es retratada y celebrada como símbolo de paz, como mensajera de Dios.

     Si no fuera por los magos y artistas, y en parte también por los jubilados, los seres humanos se habrían enemistado con las palomas hace rato, las considerarían lisa y llanamente ratas que no han tenido la decencia de esconderse en los mundos subterráneos y nocturnos.

     Por eso, cuando veas un mago sacando una paloma del sombrero, o un artista dibujando una paloma o dedicándole unos versos, piensa que es exactamente al revés de como lo has visto siempre: el mago es un truco de la paloma, el artista es una obra de la paloma. Incluso estas palabras son obra de las palomas, que han decidido que la proliferación de teorías conspirativas en su contra no haría más que seguir aumentando su prestigio.



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Sobre la libertad


Existe la idea de que ser libre es tener los medios materiales para hacer lo que uno quiere. Según esta lógica, mientras más recursos y riquezas tengamos, más libres seremos. El pobre no puede elegir entre comprar A, B o C. Compra lo que puede o incluso no compra nada. El rico puede elegir o incluso puede comprar todo. Por lo tanto, el rico es libre y el pobre no.

     Sin embargo, existe también un concepto opuesto de libertad, según el cual la riqueza nos esclaviza y la pobreza nos libera. Nos encontramos con este concepto tanto en la tradición socrática como en la cristiana. Sócrates va al mercado y se alegra al ver todas las cosas que no necesita. Se admira de su propio desapego, experimenta cierto poder en ello. También el cristiano se reconforta en su capacidad de tomar distancia de las cosas mundanas.

     Ser rico es estar sumergido en el mundo. La libertad, por el contrario, consiste en la capacidad de decirle que no al mundo. Evidentemente, la pobreza material no suele ser consecuencia del desapego. El pobre quisiera ser rico. Por eso, el modelo de libertad es el asceta, una especie de pobre por elección, un pobre espiritualizado y consciente.

     ¿Cuál es el verdadero libre? ¿El rico, el pobre, el asceta? ¿El intelectual que reflexiona sobre todas estas cosas? ¿Quién es el que verdaderamente ha superado la esclavitud, quién es el verdadero amo y señor de sí mismo? No es fácil responder a estas preguntas y tal vez no tenga sentido siquiera intentarlo. Una palabra que parece tan clara y poco problemática admite en realidad significados distintos e incluso opuestos. Esta dificultad debería servirnos como punto de partida y como advertencia, sobre todo si tenemos en cuenta que éstos no son los únicos conceptos posibles.  



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Repeticiones


Todo el mundo colecciona variedades

cosas raras y nuevas

rincones perdidos y lejanos parajes

como para ir tachando de una lista.

Yo también colecciono recurrencias.


La repetición es igualmente milagrosa

si se mira con ojos desprovistos

si se desaprende la moderna inclinación

por lo fragmentario y disruptivo

el sentido turístico de la vida.


La naturaleza no persiste y se unifica

por un prejuicio absolutista

tampoco se dispersa y muta por romántica.

Hace lo uno y lo otro

con igual indiferencia.


Yo por eso vuelvo a las mismas cosas

a los mismos libros, los mismos rostros

camino la misma calle bajo el mismo cielo

y las repeticiones no son tales para mí

porque siempre tienen la novedad de suceder ahora.



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