La neutralidad de las cosas


La tecnología no es ni buena ni mala. Con un cuchillo, por ejemplo, su puede asesinar a alguien o cortar pan. Con la energía atómica se puede iluminar una ciudad o destruirla por completo. Con un rifle automático se puede salir a matar gente inocente, pero también se puede matar al que salió en primer lugar a matar gente inocente. Con un sistema de espionaje digital se puede invadir la privacidad de millones de seres humanos en todo el mundo, pero también es posible utilizarlo para encontrar personas enfermas o potenciales consumidores de gaseosa.

     ¿Por qué hay rifles automáticos y sistemas de espionaje? Esto no es ni bueno ni malo, no se puede culpar a la tecnología de resolver unos problemas en lugar de otros. Los artefactos que resuelven los problemas del Estado suelen ser mejores que los que resuelven mis problemas o los tuyos. Eso no invalida lo dicho: el Estado, como cualquier invención humana, tampoco es bueno ni malo.   


Prejuicios


Premiado en la cuarta edición del certamen Siembra de Libros


Era una de esas tardes nubladas que parecen una forma atenuada de la noche. Nos habíamos visto un puñado de veces y siempre terminábamos hablando de temas esotéricos. Me burlé de sus comentarios sobre la posibilidad de hablar con los muertos. “El universo es indiferente a nuestros prejuicios”, me dijo. Y desapareció.


Dos poemas


Publicados en la revista Río Arga, nro. 142.


Febrero


No te dabas cuenta de lo que hacías

tenías los pies encajados

en esos zapatos diminutos

y un vestido tan gris

como la madrugada.


Desapareciste

detrás de muros y ventanas

llevándote para siempre

entre los zapatos

un pedazo de aquella esquina.


Y sin darte cuenta

dibujaste con tu vestido

en el aire

un camino entre aquella noche

y estos versos.




El amor


Acaso la sospecha

de una vida más oscura

sin la sensación del cuerpo amado.


Acaso el constante regreso

de una serie de gestos

celebrados cada vez como la última.


Acaso la observación

de un rostros que hace su vida

y que salva la nuestra.



La protección de los débiles


Ganador de la cuarta edición del certamen Siembra de Libros


El patio del establecimiento estaba listo para la ejecución. El sol entraba de lleno en ese pequeño espacio abierto, rodeado de paredes altísimas, y no corría ni la más mínima ráfaga de viento. El reo se encontraba ya encadenado en un punto equidistante de las cuatro esquinas y no tardarían en llegar los verdugos con sus fusiles.

     En un principio se permitía el acceso al público en general, como para que no quedaran dudas respecto del carácter por completo transparente y democrático de las ejecuciones. Sin embargo, no se tardó mucho en dar marcha atrás con eso, puesto que se generaban situaciones pintorescas que resultaban inaceptables en un escenario de esa naturaleza y que atentaban contra el carácter serio, aséptico y neutral que debe mantener toda institución del Estado.

     El funcionario a cargo parecía maravillarse ante cada cosa, aunque en realidad ya conocía todo a la perfección. Iba de un lado a otro, se asomaba a la puerta del patio para ver si llegaban los verdugos. Entretanto, el condenado se mantenía casi inmóvil: miraba el cielo cada tanto, examinaba sus alrededores, seguía con la vista los movimientos del funcionario, tratando de que éstos le revelaran algo y lo ayudaran a comprender la situación.

     Las cadenas estaban ahí menos para inmovilizar al reo que para una debida construcción de la escena, ya que éste había mostrado desde el principio una docilidad absoluta, se había aferrado a la autoridad de sus captores como si fuera una mascota.

     El funcionario, impaciente, deseoso de ganar tiempo, se acercó al encadenado para realizar la entrevista de rigor.

     -¿Sabe por qué está aquí?- Le preguntó.

     -Supongo que me van a matar- respondió el condenado.

     -¡No siga con eso!- Se apuró a corregir el funcionario.- Usted sabe bien que el verbo “matar” no se aplica en estos casos, ¿no ve mi uniforme? Le presento nuestro patio de depuraciones -dijo mientras extendía los brazos-. Lo que hacemos aquí es más bien un trabajo de desinfección, nos ocupamos de la limpieza social. De hecho, pertenecemos al Ministerio de Higiene, como habrá visto en mi credencial y en toda la cartelería del establecimiento.

     -¿Y qué hago aquí? -Dijo el reo, sin dejar de observar la credencial del funcionario.

     -A usted se lo ha encontrado culpable de agredir a una persona que aparece en el Registro Estatal de los Débiles.- El funcionario mantenía un gesto sereno pero firme. Por dentro, ya iba preparando las explicaciones que tendría que dar.

     -Tuve una pelea con él porque quiso adelantarse en una fila.

     -Usted no tuvo una pelea con él, es imposible. Ya le dije que se trata de alguien que aparece en el Registro Estatal de los Débiles. Por lo tanto, no puede tener una pelea con él. Usted solamente puede agredirlo. Por eso este caso es tan sencillo, el Registro no deja lugar a dudas.

     El condenado se quedó en silencio unos segundos.

     -Parece que yo mismo podría aparecer ahora en ese Registro- dijo finalmente.

     El funcionario se rió con ganas.

     -Buen intento, señor, muy buen intento. Nunca había escuchado una cosa así. Fíjese que, por el contrario, usted es un claro miembro del Registro Estatal de Opresores. Esa fue mi primera impresión, la cual pude corroborar después, cuando le tomamos la foto y la sometimos al sistema de reconocimiento.

     -No tenía idea de que figuraba en ese registro.

     -Lo cual no tiene nada de extraño- se apuró a responder el otro.- Un rasgo típico de todo opresor es no saberse opresor.

     -Quisiera tener la oportunidad de defenderme y explicar bien el asunto de la pelea con ese hombre.

     El uniformado le apoyó las manos en los hombros y lo miró con indulgencia.

     -No hay nada que explicar, para eso están los Registros. Como bien dice la nueva legislación, si tenemos un hecho que involucra a una persona del Registro Estatal de los Débiles y a otra del Registro Estatal de los Opresores, el único procesamiento que admite nuestro sistema es “agresión del segundo al primero”. Notará usted la manera en que esto lo simplifica todo. La gente nos exige soluciones rápidas, no tiene tiempo ni paciencia para explicaciones.

     -Ya veo- dijo el agresor, en parte impresionado por la solidez de las argumentaciones.- ¿Y no puedo discutir siquiera lo de la pena de muerte?

     -Usted insiste en no entender. No se trata de una pena de muerte, sino de una descontaminación social. La pena de muerte daría a entender que el problema es con usted y sólo con usted. Pero no es así, para eso hemos elaborado los Registros, para dejar en claro que nuestra lucha es contra la opresión.

     El funcionario, más que satisfecho, se alejó del reo y se asomó nuevamente a las puertas del patio. Ya se podía ver a los verdugos acercándose por el pasillo, fusil al hombro. Mientras entrevistaba al condenado, el clima había cambiado: el patio se veía más oscuro y se sentía una leve corriente de frío.

     Había que apresurarse, tal vez incluso resumir o eliminar algunas formalidades. No hace falta insistir en que es de máximo interés estatal el que las ejecuciones, dentro de lo posible, no se lleven a cabo con lluvia.


Escenarios de incertidumbre frente al coronavirus


Publicado en El Periódico, 08/04/2020.


La enorme rapidez y agresividad con que se expande la actual pandemia ha suscitado reacciones políticas hasta hace poco inimaginables y ha logrado excitar nuestra imaginación a la hora de figurarnos escenarios utópicos y distópicos de la más variada índole. Lo cierto, no obstante, es que no tenemos todavía información suficiente como para sacar conclusiones definitivas. Sabemos que no queremos que suceda aquí lo que sucedió en España e Italia, sabemos que algunos países parecen haber gestionado la crisis mejor que el resto.

     Sin embargo, hasta que no exista un tratamiento efectivo o una vacuna, no podemos determinar con certeza quiénes son los ganadores y perdedores, puesto que no sabemos exactamente cuántos capítulos le faltan a la serie. Una larga lista de intelectuales y analistas pretenden argumentar que la pandemia no hará otra cosa que demostrar sus convicciones previas. Semejantes ejercicios de profecía pseudocientífica no deberían ser tomados con demasiada seriedad.

     Un ejemplo interesante de esta incertidumbre es la discusión respecto de si los gobiernos deben priorizar la salud o la economía. La triste verdad es que no lo sabemos. Podemos decir con certeza que, si la pandemia se descontrola, la economía se verá profundamente afectada. Pero también es claro que el colapso económico produce muertes por hambre, estrés, depresión y otras tantas causas asociadas al deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, el interés social y mediático está puesto en los muertos por coronavirus, que aparecen publicados en todas partes y con actualizaciones diarias. De modo tal que el funcionario público está fuertemente incentivado a priorizar este problema. Sin embargo, hasta que no veamos el último capítulo, no podremos evaluar la pertinencia de las medidas actuales.

     Los gobiernos están obligados a actuar con muy poca información. Terminada la actual cuarentena, por ejemplo, es improbable que el número de infectados se reduzca a cero, lo que significa que la enfermedad puede volver a propagarse. En conclusión, las medidas pro economía asumen un alto costo sanitario, con la única ventaja de simplemente postergar el colapso económico. Las medidas pro salud asumen un alto costo económico, pero no podemos saber si realmente evitan o simplemente postergan el colapso sanitario. Por el momento, parece que unas semanas de cuarentena pueden ser útiles para ganar tiempo y equipar el sistema de salud. Pero más adelante se necesitará una estrategia diferente.